1491
- Año probable del nacimiento de Ignacio de Loyola. 1521
- Colabora en la defensa de Pamplona acosada por el rey de Francia. Es herido
en la pierna derecha y enviado a Loyola, donde pasa la convalecencia. En este
tiempo caen en sus manos algunos libros piadosos que le hacen descubrir, en la
vida de Jesús y de los Santos, un nuevo horizonte en su vida. Se produce
en Ignacio una primera conversión. Experimenta, igualmente, una lucha interior
entre deseos piadosos y deseos mundanos. 1522 - San Ignacio comienza
una peregrinación al Santuario de Nuestra Señora de Montserrat.
Una vez en Montserrat, hace una confesión general y deja sus vestidos y
su espada. Continúa el camino hacia Manresa donde da comienzo a una vida
de pobreza, oración, y penitencia. Después de un tiempo de turbación,
escrúpulos, dudas y angustias, vivirá una singular experiencia de
Dios que recordará toda la vida: "la ilustración del Cardoner".
Igualmente comenzará a formular su experiencia espiritual con lo que da
comienzo a lo que más adelante será el libro de los Ejercicios Espirituales. 1527 - A lo largo de este año Ignacio vivirá dos procesamientos
más y será encarcelado. Al salir de la prisión viaja a Salamanca.
Nuevamente tendrá procesos inquisitoriales, se le prohibe predicar y enseñar
materias teológicas por no haber hecho suficientes estudios. Ignacio decide
marchar de Salamanca, pasa por Barcelona y se encamina a París. 1538
- San Ignacio celebra su primera misa en la iglesia de ¨Santa María
la Maggiore¨. 1540 - Paulo III confirma la fundación de
la Compañía de Jesús. 1541 - Ignacio comienza
la redacción de las Constituciones de la Compañía y es elegido
superior general de la misma. A partir de este momento Ignacio vivirá permanentemente
en Roma. 1556 - Muerte de San Ignacio de Loyola. Es enterrado en el
lugar donde actualmente está la iglesia del Gesú en Roma. 1609
- El Papa Paulo V beatifica a Ignacio de Loyola. 1622 - Canonización
de Ignacio de Loyola por el Papa Gregorio XV.
El amor de Dios es la fuente del entusiasmo de Ignacio por la salvación
de las almas, por las que emprendió tantas y tan grandes cosas y a las
que consagró sus vigilias, oraciones, lágrimas y trabajos.
Se hizo todo a todos para
ganarlos a todos y al prójimo le dio por su lado a fin de atraerlo al suyo.
Recibía con extraordinaria bondad a los pecadores sinceramente arrepentidos;
con frecuencia se imponía una parte de la penitencia que hubiese debido
darles y los exhortaba a ofrecerse en perfecto holocausto a Dios, diciéndoles
que es imposible imaginar los tesoros de gracia que Dios reserva a quienes se
le entregan de todo corazón.
El
santo proponía a los pecadores esta oración, que él solía
repetir: "Tomad, Señor y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi
entendimiento y toda mi voluntad. Vos me lo disteis; a vos Señor, lo torno.
Disponed a toda vuestra voluntad y dadme amor y gracia, que esto me basta, sin
que os pida otra cosa".